El problema del aburrimiento en el aula

Aburrimiento

Frecuentemente nos encontramos con situaciones que no nos atraen, que no nos llaman la atención, que  no nos parecen suficientemente útiles o valiosas como para que les prestemos atención.

Particularmente, como docentes, nos encontramos con cierta frecuencia con éste fenómeno dentro del aula. Los alumnos muestran aburrimiento frente a muchas de las propuestas que les ofrecemos.

Antes de seguir profundizando en este tema, deseamos saber qué se entiende por aburrimiento: “Es la Sensación de fastidio provocada por la falta de diversión o de interés por algo”.

Las personas naturalmente somos seres en permanente cambio, en permanente evolución, en permanente búsqueda.  En este escenario, el aburrimiento se nos presenta como algo que no nos permite esa búsqueda, no nos facilita o estimula al cambio. Por otro lado, naturalmente estamos buscando la verdad, estamos buscando entender cómo funciona algo, o cómo es algo, o cual es su utilidad.

Aburrimiento

En el aula, como alumnos, consciente o inconscientemente, estamos esperando recibir algo que nos permita realizar ese cambio, que nos despierte sed por eso nuevo que nos ofrecen, pero eso nuevo que nos ofrecen debe estar dentro de los parámetros que son capaces de despertar nuestra atención.

Esos parámetros están segmentados y en cada uno de esos segmentos hay elementos que las personas, y particularmente el alumno, ve como atractivo. Los segmentos a  los que nos referimos, son elementos que muchas veces entran dentro de lo que se denomina moda. Entonces, lo interesante para un alumno puede estar en la posibilidad de que él pueda ubicar ese nuevo material que recibe del docente en el marco de los códigos que está manejando en ese momento como valiosos, tal el caso de si aprender tal tema o tal técnica, le permitirá ganar dinero. O si el aprender ese nuevo material didáctico le es útil para lo que está buscando, por ejemplo, en su familia está viviendo conflictos afectivos con sus padres o hermanos. O también si aprender eso nuevo que nos trajo el profesor de informática nos permite optimizar mi computadora o conectarme con mayor rapidez con mi grupo de amigos.

También puede ser que el nuevo material que está aprendiendo en clase le sea útil para un proyecto o emprendimiento que está pensando realizar con sus amigos, ejemplo, iniciar un pequeño taller de estrategias para liderar grupos. O que ese nuevo material que nos ofrece el docente de geografía nos permite aclarar dudas sobre un viaje que estamos pensando realizar.

Como docentes, creemos, que debemos tratar, por medio de la observación, lo más objetiva posible, descubrir el interés del alumno, o del grupo de alumnos, para poder introducir nuestros contenidos en el formato que ellos esperan recibir como útil  valioso.

Aburrimiento

Si bien sabemos que la observación es una metodología que nos lleva un tiempo realizarla, también sabemos que invertir en ella nos permitirá captar el interés de nuestros alumnos.

Para poder ahondar en este tema que entendemos de suma actualidad e importancia debido a que notamos con mucha frecuencia un elevado nivel de apatía que nos preocupa, porque si bien lo observamos en el marco del aula, se difunde, también fuera de ella, en la vida cotidiana, con lo cual las consecuencias de no encontrar sentido a las cosas o a los momentos vividos, terminará afectando fuertemente a estas personas, proponemos un pequeño video donde se plantean los diversos tipos de aburrimiento y sus características.

 

Lic. José Miguel Toro

República Argentina

¿Cómo aprendemos a proceder?

Amigdala Cerebral

Como docentes, necesitamos, para poder realizar eficazmente nuestro trabajo con los alumnos, conocer algunas cosas.

En esta oportunidad, investigaremos un poco, como aprende nuestro cerebro, para poder tener otra herramienta a mano, para que nuestra tarea sea más completa.

Nuestro cerebro para poder actuar requiere, entre otros componentes, del buen  funcionamiento de un conjunto de neuronas que le permitirán proceder de distinta manera según las circunstancias.

Entre esos componentes, en este caso investigaremos uno de ellos. Comenzaremos por conocer qué es y cómo funciona la Amígdala. La amígdala cerebral, que no debe confundirse con la amígdala, que ubicamos en la zona de la garganta, es un conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales que forma parte del sistema límbico y su función más importante es el procesamiento y almacenamiento de todas nuestras  reacciones emocionales, se la suele llamar “centinela de nuestras emociones”.

Amígdala Cerebral –

 

Tiene la forma de una almendra, de allí su  nombre, la posean todos los vertebrados, ella nos va a permitir escapar de situaciones que nos generan peligro, es la que nos hace recordar traumas infantiles y todo aquello que nos hizo sufrir en algún momento de nuestras vidas, como así también, todas las vivencias felices.

Por ser un lugar en el cual se localizan las emociones, nosotros los docentes y padres, debemos tener presente este punto, debido a que nuestros alumnos en la medida en que sean bien estimulados, acompañados, promocionados, valorados, que no reciban gritos e insultos, y particularmente que no experimenten la falta de confianza de parte nuestra hacia ellos, haremos que su amígdala cerebral tenga básicamente, buenas vivencias y ello permitirá que su reacción frente a determinados eventos sea altamente equilibrado emocionalmente.

Si nuestra amígdala cerebral está bien educada por los elementos conductuales que recibe desde el exterior, por parte de los docentes y padres, el niño estará preparado para construir estrategias adecuadas para afrontar las dificultades que le presente la vida a cada instante.

Debemos recordar permanentemente, que también aprendemos emocionalmente, es decir, que nuestro aprendizaje esta básicamente apoyado en vivencias, porque no solo somos seres inteligentes, sino que también somos emotivos, en diverso grado, por lo que si nuestro trato hacia nuestros hijos- alumnos, es violento o amoroso, dejará huellas que llamaremos mnémicas y que estarán presentes con sus consecuencias a lo largo de toda la vida.

Para hacerlo más sencillo, recibimos una personita para formarla y es como arcilla fresca en nuestras manos, si la moldemos con violencia, la misma no se formará, sino que se deformará o mal formará y las consecuencias serán lógicamente coherentes con esa malformación afectiva.

Desde el Conocimiento, deseamos haber aportado un elemento más para el mejor desarrollo de nuestra profesión.

 

Lic. José Miguel Toro

República Argentina

Parece que nuestro cerebro es reticente al cambio, pero tenemos algunas dudas.

adaptarse-a-los-cambios

adaptarse-a-los-cambios

Históricamente, los cambios fueron muy lentos, tan es así que erróneamente,  se fortaleció la idea de la permanencia, de lo estático, de lo conservador.

Es más, se proponía lo estático como definitivo y se hacía hincapié en la necesidad de sostener esa idea para fortalecer la identidad.

Hoy desde las Neurociencias, por un lado y desde las relaciones interpersonales o Inteligencia Interpersonal, observamos otra postura. La conveniencia y necesidad del cambio. Algo que no distorsiona la identidad, es más, la fortalece.

Nuestro cerebro, posee capas producto de una evolución del mismo a lo largo de la historia, y en esas capas podemos observar distintos nieles de adaptabilidad a los cambios o a la dinámica de los tiempos en los que vivimos.

No dejamos de tener en cuenta en este pequeño desarrollo, la creencia en que la permanencia otorga seguridad, previsibilidad y cierto nivel de especialización en las conductas, pero también no dejamos de lado, las ventajas que otorga la permanente adecuación que debemos hacer a la dinámica de los acontecimientos en los cuales estamos inmersos de manera cotidiana.

En el artículo que adjuntamos a esta pequeña introducción se destaca la necesidad de adecuarnos a  los cambios y las ventajas que ello proporciona a la persona, particularmente, en el campo de las relaciones laborales y por ello en las relaciones interpersonales, poniendo a prueba nuestra inteligencia Interpersonal  e Intrapersonal, de manera tal que justifica la acción de la Inteligencia Emocional.

El cerebro parece reticente al cambio

 

Lic. José Miguel Toro

República Argentina

 

 

HACIA UNA COMUNICACIÓN FUNCIONAL EN LAS ORGANIZACIONES

Texto publicado en http://www.e-neurocapitalhumano.org/shop/detallenot.asp?notid=486

HACIA UNA COMUNICACIÓN FUNCIONAL EN LAS  ORGANIZACIONES

José Miguel Toro*                                   Graciela Campos Escalante*

 

Es propio del hombre darse a conocer intencionalmente. Decimos que es propio, porque el darse a conocer, necesariamente implica lo propio de él, que es la intencionalidad. Y por esta intencionalidad, el hombre tiene algo que decir.

Comunicar significa que; el hombre necesita un referente de su mismo nivel ontológico, es decir,  otro ser humano. Esto es necesario para que exista una decodificación  de lo que se dice. Un acto comunicacional, invita a algún tipo de respuesta, de parte del otro. Cuando no encontramos esa respuesta, la comunicación no es posible. Entonces, estamos hablando de un monólogo.

En las organizaciones, que son estructuras esencialmente humanas, la COMUNICACIÓN constituye el “cemento”, de unión entre cada uno de los elementos de este determinado sistema. Este hecho se  constituye en un ida y vuelta de los mensajes, lo cual es posible ya que, en los sistemas sociales, la información es emitida por unos, decodificada por otros, codificada y vuelta a decodificar en un acto circular, donde todos los integrantes del sistema participan en la producción de un vínculo intencional.

Ahora bien, en esa comunicación, el hombre tiene la posibilidad de experimentar un proceso natural de autoconstrucción, que ocurre como resultado de un intercambio de mensajes, conscientes e inconscientes: verbales y no verbales. Todos ellos producen un impacto en los individuos interactuantes.

Por un lado hablamos de datos emanados desde el entorno, el cual se puede presentar favorable o desfavorable. La persona incorpora la información y la procesa, logrando un resultado expresado en criterio de acción hacia el futuro, ya que ésta  influye en todos sus ámbitos.

Por otro lado, hay información que se genera dentro de la persona, información que es producto de su propia reflexión, de la maduración de sus experiencias personales, de la resolución o no de sus conflictos interiores, que también termina afectando su manera de ser y su posterior respuesta en una acción determinada.

Con estos dos elementos conformativos del comportamiento de la persona, estamos fundamentando la forma o el matiz, con el cual ésta se manifiesta en cada acto, en cada momento, en el cual se vincula con otro, generando ese camino bidireccional, de ida y vuelta, que se denomina diálogo, y que solo se puede ejercer con otro semejante, es decir, alguien que posea la capacidad de razonar.

Esta capacidad de razonar es la condición necesaria para generar un diálogo que posea contenido.

Un  feedback, cargado de intencionalidad, es lo que permite la vinculación de los hombres, vinculación que necesariamente, es dinámica: una relación que implica un cierto nivel de conocimiento, en definitiva, un dato procesado y cargado de significado.

 

El acto comunicacional en el contexto organizacional: “Es imposible no comunicar”.

¿Que repercusiones tiene este concepto: dentro de las organizaciones?, ¿Son los individuos capaces de comprender su propia comunicación? ¿Existe alguna solución para los cotidianos conflictos relacionados con las múltiples formas de comunicación dentro de  las instituciones?

Intentaremos responder a estos cuestionamientos a través del análisis del  primer axioma de la comunicación de  Paúl WATZLAWICK (Teoría de la Comunicación Humana). Watzlawick, (1921-1985) psicólogo y filósofo vienés, quien fue uno de los principales autores de la Teoría de la comunicación humana que hoy se emplea como modelo no sólo en la práctica de la terapia sistémica sino de la intervención y evaluación del comportamiento humano en las organizaciones. Paúl Watzlawick, profesor de Psicología en la Universidad de Stanford, fue uno de los más grandes científicos de la comunicación en Estados Unidos, además de un psicólogo reconocido en todo el mundo.

En 1960, en Palo Alto, California, en sus investigaciones en el Mental Research Institute, junto a Janet Beavin y Don Jackson (1981), Watzlawick estableció cinco axiomas para explicar su Teoría de la comunicación humana, entre los que incluyó la afirmación de que “es imposible no comunicar”, (WATZLAWICK, 1985, p. 51) por el hecho de que todo comportamiento es una forma de comunicación, y la comunicación involucra mucha más información que la que contiene la palabra expresada.

Los sistemas humanos: familias, instituciones y organizaciones empresariales, entre otros, son susceptibles de padecer trastornos o conflictos en su  comunicación. Siempre comunicamos; querámoslo o no; es inevitable tener conductas, y mientras haya un ser humano frente a otro, la comunicación será el vínculo que posibilita interacciones funcionales o disfuncionales.

 

Sistemas de comunicación humana funcionales

Son aquellos que se logran cuando de manera digital o verbal comunicamos en forma CLARA y DIRECTA la información; cuando establecemos LÍMITES que señalan hasta dónde llega mi espacio; hasta dónde el tuyo, cuando resolvemos a través de la metacomunicación[1] (WATZLAWICK, 1985. Pág. 72) los obstáculos para obtener una información pertinente, cuando la comunicación verbal es congruente con los mensajes no verbales o analógicos, evitando así los errores de interpretación de datos.

Los seres humanos somos territorialistas por naturaleza; como una condición de la evolución filogenética que, en ciertos ámbitos, nos ha permitido preservar la especie. Dentro del ambiente laboral lo anterior se manifiesta a través de conductas egocéntricas e individualistas que constituyen una paradoja ante las actuales demandas de trabajo en equipo, de interacción sistémica o de sinergia laboral, sin olvidar las relaciones y vínculos que las organizaciones establecen con sus contextos.

A medida en que se incrementan las interacciones o “choques” respecto a la información, debido a  que hoy  las organizaciones son cada vez más complejas y en ellas intervienen cada vez más participantes tanto internos como externos al sistema; la comunicación puede constituirse en un embrollo caótico, del cual será difícil salir.

Es entonces cuando las instituciones o los grupos humanos requieren ser evaluadas y asesoradas a través de una metaobeservación; la cual implica la participación de un consultor; la realización de un diagnóstico y el establecimiento de CAMBIOS estructurales que implican no sólo ajustar roles o jerarquías, sino el cambio conceptual y de pensamiento de todos sus integrantes.

 

Referencias

  1. WATZLAWICK, Paul. HELMICK, Beavin Janet. y JACKSON, Don D. (1985) Teoría de la comunicación humana. Interacciones, patologías y paradojas. Barcelona: Herder.
  2. WATZLAWICK, Paul. (1982).¿Es real la realidad? Confusión, desinformación, Comunicación, Barcelona: Herder

 


[1] Señala P. Watzlawick que significa “hablar acerca de la comunicación” es decir  preguntar sobre la comunicación propia o  la de un interlocutor: “no entiendo, veo que me dices que no con tus palabras, pero tus acciones me  indican lo contrario, ¿qué debo pensar?


* Médico cirujano por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Lic. en Comunicación por la Universidad Iberoamericana, Terapeuta Familiar por la Universidad del Valle de Atemajac, .León, Gto. México

 

* Lic. en Filosofía por Universidad CAECE,, Prof. Universitario en Teología, por UNSTA- UCA, Posgrado Internacional en Gestión Educativa por FLACSO, titular del sitio web www.intmultienargentina.com.ar, Buenos Aires. Argentina.

 

ESQUIZOFRENIA ¿Predisposición genética o Construcción social?

Nos place sobremanera, poder difundir desde este sitio, un artículo de la Dra. Graciela Campos Escalante, ya publicado en la Revista Neurocapital Humano.

Por otro lado, deseamos agradecer a la Dra. Campos Escalante por su generosidad para con Inteligencias Múltiples en Argentina.

 

 

ESQUIZOFRENIA   ¿Predisposición genética o   Construcción social?

 

Por Graciela Campos Escalante*

Resumen

Durante más de un siglo, la Esquizofrenia ha sido conocida y atendida solamente en el área de la salud física, los diagnósticos y tratamientos han sido enmarcados por un determinismo biológico: bioquímico, genético o estructural.  El psicoanálisis ha participado en este determinismo con un enfoque reduccionista respecto al funcionamiento de la mente del individuo afectado. El medio ambiente y las interacciones que se ejercen mutuamente: organismo/ambiente/ambiente/organismo, son los factores paradigmáticos para entender que;  la salud y la enfermedad son parte de un continuo; que la enfermedad no es “provocada” sólo desde lo individual y que el medio social es una posibilidad para comprender  la intersección que ejercen la salud o la disfuncionalidad.

Palabras clave: Esquizofrenia, organismo, determinismo biológico, reduccionismo, transmisión transgeneracional, esquizofrenógeno. 

Cuando se habla de esquizofrenia es común, establecer uno o varios diagnósticos, todos ellos incluyen factores predisponentes relacionados casi siempre con la genética familiar, antecedentes pos-lesionales, o bioquímicos –la dopamina “es responsable”-, se dice.

Existen también, aunque menos exploradas por los paradigmas de ciencia positivista: las no-etiologías de la esquizofrenia, relacionadas con las interacciones entre el individuo y el medio ambiente. La Teoría general de sistemas, el Interaccionismo y actualmente; el Cosntruccionismo Social están modificando los patrones de observación y formulando nuevos modelos, no sólo de la enfermedad sino también de la salud. 

En 1801 Philippe Pinel hizo la primera descripción integral de la esquizofrenia, estableció el término Demence para caracterizar el deterioro de las funciones mentales en los enfermos crónicos y hospitalizados. Emile Kraepelin (1856-1926) y Eugen Bleuler (1857-1940) integraron varios conceptos clínicos para nombrar a la  esquizofrenia la cual –como lo dice su nombre- significa división de la mente, relacionada ésta con las manifestaciones psicóticas y el deterioro cognitivo que aparecen alrededor de la adolescencia o primera juventud.

La escuela médica moderna considera que la esquizofrenia es una enfermedad conocida a partir de los últimos dos siglos, e insiste en que la descripción de la demencia precoz de Kraepelin no se conoció hasta antes de 1812[1].

La enorme tradición y credibilidad por la teoría y técnica de la medicina occidental, la revolución freudiana en la primera mitad del  XX y el surgimiento de la neuropsiquiatría han logrado con éxito establecer que;  son los factores “orgánicos” o  únicamente los aspectos “psíquicos”, los que constituyen la causa y el efecto de la salud o enfermedad, lo cual ha conformado un pensamiento reduccionista respecto a la comprensión de los fenómenos en la  psicología y la medicina, por mencionar sólo dos áreas del conocimiento.

En fechas recientes, la Organización Mundial de la Salud, ha estimado que 400 millones de personas sufren trastornos psiquiátricos y  neurológicos; tan sólo en América Latina y el Caribe.[2]

Algunos autores han establecido que el descubrimiento de los neurolépticos, a mediados del siglo pasado, fue el inicio de una revolución que ha generado un cambio en la historia natural del padecimiento, -logrando en ello,  afianzar aún más el territorio del fundamento orgánico de la enfermedad-.  Desde el año de  1954 –fecha en que aparece el primer antipsicótico la clorpromazina–  se admitió en los ambientes científico y popular; que seguramente en adelante, el control de los síntomas y el establecimiento de una reinserción a la sociedad habrían sido logrados para la persona con esquizofrenia, en la medida en que la monopólica industria farmacéutica produjera fármacos más eficientes, específicos y  costosos.

Actualmente el curso de las intervenciones para la esquizofrenia ha cambiado; el tratamiento farmacológico no siempre cubre las expectativas del enfermo ni de la familia, ni siquiera del médico ya que,  las interacciones de los fármacos con los químicos del sistema nervioso y otros, provocan nuevos síntomas –a veces más graves que la propia enfermedad- con lo cual la evolución y el pronostico son impredecibles.

 

Visión capitalista de la enfermedad

Las propuestas bioquímicas y genéticas de la esquizofrenia han prevalecido desde la segunda mitad del siglo XX. Como la psiquiatría se ha convertido mayormente en una especialidad de medicamentos, la industria farmacéutica se ha apresurado a ver las ventajas de una alianza con esta profesión. Muchos de los psiquiatras que participan en la investigación promovida por las empresas farmacéuticas, no poseen una rigurosa formación en la ciencia, por lo cual sus estudios presentan  importantes sesgos epidemiológicos. No obstante, y ante la fragilidad de las evidencias clínicas y farmacoterapéuticas la visión determinista es una clase de imposición implícita que proviene de intereses que van más allá de los trastornos sean estos de cualquier índole.

 

Las fronteras entre salud y enfermedad mental son ilusorias.

Es necesario el aporte de todas las ciencias -del conocimiento en su totalidad-.  Entender una entidad nosológica solamente desde sus manifestaciones clínicas, es olvidar que los organismos interactúan con sus entornos, y que éstos se co-construyen y transforman de manera multifactorial. De otra forma, estaremos regresando a un “cartesianismo descarado”[3] y a un dualismo mecanicista lineal, a una definición de mente-cuerpo casi monádica.

Gregory Bateson[4], menciona un concepto esclarecedor: el de mente intracerebral y mente extracerebral; la mente: pensamiento, lenguaje, memoria; no puede provenir más que del exterior, del medio ambiente, la mente intracerebral, es procesamiento y representación de una realidad: la de nuestro entorno, es también la reproducción y la creación que el cerebro realiza sobre su medio exterior. Bateson señala que ambas son lo mismo, sólo que en este caso son observadas desde distintos y nuevos niveles de clasificación y conceptualización.

La “enfermedad mental”  no se constituye, sólo por neuronas, por segmentos o regiones encefálicas; en el caso de la esquizofrenia existen modelos de observación e intervención en donde el medio ambiente en general  y mayormente la familia participan retroalimentándose mutuamente como factores esquizofrenógenos[5] de la enfermedad, conceptos como: transmisión transgenracional[6], circuitos reverberantes, mensajes de doble vínculo y otros están relacionados con una comunicación gravemente disfuncional. Todos participan: familia y comunidad.

 

¿Qué hay  por hacer?

Primero: Información, saber que hay otros caminos,  otras soluciones  que las palabras pueden ser sanadoras,  que la comunicación y las interacciones que ocurren hacia el interior y el exterior de las familias ejercen una influencia definitoria para la salud o enfermedad de sus individuos.

Segundo: Atención; significa que respecto a la enfermedad,  no sólo el médico será quien puede dar soluciones. Actualmente la información y el conocimiento integral de un problema de salud o enfermedad, nos obliga a buscar una mirada ecológica; a voltear hacia todos los ángulos. Sumar al diagnóstico médico, la mirada filosófica y ética acerca del problema, ampliar el foco para comprender el cómo el medio ambiente físico y social  interactúa con la enfermedad,  es un recurso más para el tratamiento multifactorial de un padecimiento en el que la responsabilidad  de su evolución, ha permanecido, por más de un siglo,  sólo en manos de los médicos. 

Lo que caracteriza el desarrollo y las acciones humanas es que son consecuencia de una enorme serie de causas que se interrelacionan y entrecruzan. Nuestros actos no son fortuitos ni independientes respecto a la totalidad de esas causas que conforman un sistema intersecante, ya que somos seres materiales en un mundo causal.[7]

 

Referencias 

GARNICA, Portillo Rodrigo (1995): Esquizofrenia: Diagnóstico y Tratamiento en la Práctica Médica.  Clínica Médica, México

Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales: Cuarta edición. American Psychiatric Association. Masson

LEWENTIN,  Richard C.,  S. Rose y  L.J. Kamin (1986): No está en los Genes  Racismo, Genética e Ideología.  Drakontos

BATESON, G. (1972): Pasos Hacia una Ecología de la Mente. Paidós

SHEFLEN, Albert. (1992): Dimensiones de la Terapia Familiar. Paidós

MURRAY,  Bowen. (1992): De La Familia al Individuo. Paidós

 


[1] Ibíd., p. 21

3 Ibíd., p. 22

[3] LEWENTIN, Richard C. et. al. (1986) p. 390

[4] BATESON, G. 1972 p. 236

[5] SHEFLEN, Albert. (1992):  p. 153.

[6]MURRAY,  Bowen. (1992):  p 67

[7] LEWENTIN, Richard C., et.al. (1986):  p. 398



* Médico General, Especialista en tratamiento de adicciones en la familia. Licenciada en Comunicación,  Terapeuta Familiar con enfoque sistémico. León, Gto. México