El silencio, ese ausente contemporáneo en la vida de las personas

Silencio

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El silencio, ese ausente contemporáneo en la vida de las personas

Dra. Graciela Campos Escalante – Lic. José Miguel Toro 

 

Introducción

 

En estas líneas vamos a detenernos un momento en el significado y posterior utilización en lo personal, del término silencio, como algo opuesto al vértigo. Un término cuyo significado, nos aporta caminos de luz para entender la necesidad de ajustar o eventualmente, cambiar nuestra forma de vivir en estos días.

Esta necesidad se fundamenta en los hechos que nos permiten observar un marcado desequilibrio en las vidas de las personas, producto del abundante ruido expresado en el elevado nivel de vértigo que rige estas vidas.

La importancia del término silencio, está relacionada con el cómo determina afectando nuestra vida espiritual, a tal grado que puede  afirmarse  que;  la ausencia de silencio  termina por llevarnos al abismo del sinsentido existencial.

 

El silencio es un lugar en el que se escucha nuestro Yo

A lo largo de la historia del Hombre, encontramos muchos ejemplos de personas, tanto de forma individual como comunitaria, los llamados ermitaños o, las comunidades monacales, cuyas vidas estaban, básicamente, fundadas en un clima de silencio. Eran florecientes en algo que hoy esta bastante de moda: el autoconocimiento. Eran personas plenamente felices que dedicaban la vida al trabajo, a la oración y al estudio, gran parte del día.

¿Qué entendemos aquí por silencio? El término procede de la lengua latina silentium y  nos refiere a la abstención de hablar o bien a la ausencia de algún tipo de ruido.

Como podemos observar, el significado del término nos habilita a poder establecer un autoconocimiento que nos permitirá saber como somos, para luego poder comprender nuestra manera de actuar.

 

Algo que hoy no es considerado en la práctica 

Hoy nos encontramos, muchas veces con un ideal de vida cotidiana; que dice conducir a la felicidad, donde lo que se destaca como necesario para alcanzar ese estado tan buscado, es el vértigo.

Vemos a las personas, casi en un estado de solipsismo ciudadano, que se desplaza por las grandes urbes a toda velocidad, tratando de abarcar un sinnúmero de actividades, que teóricamente le producirían un estado de plenitud tal que hace pensar que viven plenamente felices.

 

Debido a esta poca importancia que tiene en nuestras vidas, es que necesitamos llenarnos de vértigo. 

Los medios de comunicación, de manera casi omnipresente, nos muestran la necesidad de “pertenecer” para obtener beneficios. Ello se logra, según estos medios, desarrollando un ritmo de vida cuya característica, es el vértigo, que,  se presenta, en estos medios  con un aspecto a veces imposible de lograr. El vértigo que muestran tiene el rostro de alguien joven, atlético, multiocupado, fuertemente hedonista, cuyo carácter es avasallador, con una sonrisa amplia y cubriendo todos los frentes en los cuales se toman decisiones.

Encontramos estonces,  la “zanahoria estimulante”, la motivación que consiste en el éxito permanente en cada una de las actividades.

Por el contrario, si miramos, al menos someramente este escenario de la vida de una persona, notamos que no hay lugar para el error y posterior fracaso. Todo esto conduce inexorablemente, al fracaso personal y seguramente al sinsentido de la propia vida.

 

El vértigo por el vértigo mismo, termina llevándonos al abismo de la autodestrucción espiritual.

Es muy posible que  este ritmo de vida, termine por destruirnos espiritualmente, debido a que nuestro ser natural no está creado para desarrollar un sinnúmero de actividades cuya característica es la velocidad, el ruido, el movimiento y el no agotamiento.

En ese clima vertiginoso, hay un ámbito de la persona que también se siente afectado, y que lamentablemente no observamos concientemente: el ámbito interior, el terreno del Yo, que no esta hecho para una vida vertiginosa que, no le permite ser escuchado y con ello, alcanzar un estado de armonía.

La persona fue hecha para vivir en armonía consigo misma, con el entorno en el cual hay otras personas y la naturaleza, en la cual habitan otras creaturas y con la divinidad.

Como dijimos al inicio,  en la condición esencial del ser persona, existe un lugar en donde se  valora el silencio, sea este interior o exterior. El hombre está hecho para vivir en armonía consigo mismo, con la naturaleza y con la divinidad, en vínculo con nuestro entorno.

Dentro del ámbito de la naturaleza, o si se quiere dentro del marco de la historia, el hombre es algo parecido a un maestro de orquesta que con su batuta de racionalidad, dirige a la orquesta de  seres vivos, para que juntos,  convivan en un clima de armonía.

Esto es posible, debido a que la persona es el único ser viviente dentro del marco de la historia, que  posee una inteligencia tal que le permite vincular datos y generar nuevos datos, acción que denominamos pensar.

Invitamos a rescatar el silencio como un camino a la armonía interna  y externa, que nos permitirá desenvolvernos con serenidad y disfrute en el campo de la convivencia, con nosotros mismos, con los demás y con la divinidad.

Pensamos que; solo en el silencio adquieren sentido las cosas, y nuestro interior, porque es en ese clima donde podremos escuchar la voz de la naturaleza que se expresa en un tono muy bajo.

 

Conclusión

Con estas líneas intentamos hacer un llamado a la valoración de algo que está bastante ausente  y que da sentido a nuestras vidas. Rescatemos el silencio y podremos vivir mejor en lo individual  y en  sociedad.

Este llamado tiene valor también, para ser aplicado a los vínculos que establecemos en el orden afectivo dentro de una pareja, donde los desacuerdos producidos por un vértigo sonoro es tan fuerte que termina, muchas veces, con la ruptura del vínculo; como también, en el marco de lo laboral, donde muchas veces existen vínculos exitistas, influenciados por criterios donde el error es algo que no se considera y donde la producción es, en muchos casos, una costumbre casi inhumana. Terrenos, que como sabemos, hoy en día nos están exigiendo una mayor atención debido a las consecuencias fuertemente negativas que nos muestran los tiempos en que vivimos.